There is no such thing as WOM

miércoles, abril 07, 2004

Ánimo 

    
Sí, aunque me esfuerzo por vivir bajo el "you are not your fucking job", la verdad es que siempre pega una mala racha. Se supone que uno de los atributos principales de los vendedores, principalmente de "vieja escuela" es que son automotivados. De ahí la repulsiva imagen que la gente tiene de ellos: Optimistas a muerte (estúpidamente optimistas), verborraicos hasta decir basta, completamente ignorantes y ajenos a la realidad, y operados exclusivamente por monedas. Desde hace algunos años, el ser vendedor ha requerido mucho menos de eso y mucho más de habilidades de comunicación, comprensión técnica, operativa y financiera de las implicaciones de cada transacción y sentido de pertenencia y trabajo de equipo. ¿Eso porqué?, pues porque sólo son ventas aquellas que garantizan una relación duradera de negocios. Porque ahora las leyes, aunque no lo parezca, son más severas con la gente que vende humo. Y por otra parte las empresas se manejan cada vez menos por decisiones individuales y suelen involucrar a muchas áreas en cada decisión que toman. Eso no es siempre, pero en la tecnología sí se da por ser algo de lo que no muchos entienden pero todos sufren.

Parte también del nuevo rol del vendedor es atender aquel sabio proverbio birmano (o biafrano o etíope o chino, sepa la boulé) que dice que tenemos dos oídos y sólo una boca para oír el doble de lo que se habla. Y en ese oír caben, sí, todos los datos que puedan dar los involucrados para entender cómo tomarán su decisión los compradores, pero también lo que atañe a sus personalísimos traumas y conflictos existenciales que pueden ser tan diversos como amplia es la psique humana.

Todo este rollo es para explicar que en estos tres meses que van del año no había podido enganchar en ningún proyecto serio de adquisición. Muchas puertas abiertas, gente preguntando, queriendo saber, pero nadie con intención genuina de comprar. Mejor dicho, nadie con una necesidad real que nosotros como empresa pudiéramos satisfacer mejor que nadie (que justo de eso se tratan mis ventas). Pero en el transcurso de estos últimos tres días la tortilla ha dado vuelta por completo y me encuentro en una posición mucho más optimista que hace apenas una semana. Vamos por las canicas (de momento, seis) y por lo menos ya tengo mis tiritos listos. Traigo mejor callo también y ya será cosa de a ver cómo nos va.

Esto me lleva directamente al valor del dinero. No al dinero por sí mismo sino a la forma de usarlo para sacar el máximo provecho. Así como yo procuro hacer que mis clientes estudien concienzudamente el uso que le darán a su dinero, debería yo hacerlo en mi particular economía familiar. Hay dos formas generales de gastar: la europea, que busca más la provisión de "placer" y la americana (gringa), enfocada al "confort". Hamletiano por herencia conyugal, creo que me balanceo entre ambos criterios de forma completamente anárquica. Edith es hamletiana por naturaleza, así que aunque siempre estamos de acuerdo, nunca estamos satisfechos por la forma en la que no nos rinde el dinero. Yo siempre he dicho que es un problema de "generación" y no de "administración", pero a últimas fechas empiezo a dudar... Como sea, un poquito de planeación en el gasto no debe sobrar, pero planear el gasto incluye necesariamente quitar el elemento de placer del presupuesto en busca del confort general, a mediano plazo. Luego vienen también las consideraciones de acumulación de riqueza: gasto o adquisición de activos?, cómo mantienes un activo?, cómo lo deprecias?

Lo que tenemos claro es que, hasta ahora, nuestra billetera ha sido más un instrumento (de varios) para mantener nuestra felicidad, que para cualquier otra cosa. Así que nos seguiremos guiando por ese criterio y ya vendrá el tiempo a dictarnos su juicio.

Armando Samano lo opinó a las 12:09 p.m.