There is no such thing as WOM

lunes, marzo 22, 2004

Banda sonora 

    
Tuvimos un fin de semana de cuarentena. Jimena dio visos de enfermarse de la garganta el viernes (con una voz ronquita que se le oye genial) y decidimos, habida cuenta que se nos va de campamento el próximo jueves, mantenerla entre algodones caseros en fin de semana.

En tal caso, cuando los periódicos y revistas han ya aburrido, toca Blockbuster o ver TV. En lo que preparábamos el proyector que hurté de la oficina para hacer cine en casa, prendí la TV para "ver qué había". Me topé con la película "Reality Bites" justo cuando Winona (sí, también de Sámano) y Hawke (ex-socio por Uma), se "cantan sin cantar" All I want is you, de U2. Con esa rola cerré mi adolescencia. Era 1989, salía yo de la prepa y U2 era El Grupo. No había ni siquiera discusión, como la hubo hace 5 años con Radiohead. No, U2 era La Banda, y lo mismo los metaleros que los progresivos, los wavers y hasta los incipientes raperos lo reconocían. Bono era el líder moral de las hordas adolescentes que vimos caer el Muro de Berlín en vivo y en directo. También era logro nuestro, porque, ingenuamente, creíamos que ya teníamos futuro (el no-futuro vino en muy poquito tiempo, pero esos meses sí disfrutamos). The Edge era la personificación del talento, nuestra bandera frente a los viejos que nos restregaban a Hendrix, a Clapton, a Page. Adam Clayton era la prueba de que podíamos ser serios y entender las cosas. Larry Mullen Jr. era la bandera sexual de las niñas rocanroleras y el puente de inducción para las que no lo eran, pero les gustaban las caras bonitas. La vida me hizo adulto muy poquito tiempo después del Rattle & Hum, pero esos gritos y esa guitarra infinita sellaron, como lacrado, ese episodio intensísimo que fue la preparatoria. En el contexto de una película como Reality Bites, tan emblemática, tan asquerosa y adecuadamente panfletera, tan adolescente y tan real, esas notas se elevan como coro angélico, anunciando un poco de muerte.

Terminando la rolita y en típico zapping, llegué rápidamente a "Los Gavilanes", uno de los clásicos de Pedro Infante. Justo en la parte donde, de perfil, guitarra en mano y cielos y perfiles de sierra de Figueroa en el horizonte, Pedrito se echa la que, para mí, es la más romántica rola de José Alfredo Jiménez: Deja que salga la luna. No he visto ninguna referencia a Pedro Infante en la blogósfera mexicana, pero dudo que los mexicanos ignoren de qué estoy hablando:

Cuando estoy entre tus brazos
siempre me pregunto yo
cuanto me debía el destino
que contigo me pagó


Así que, en un ataque de cursilería, le dí a Edith la serenata que nunca le he dado. No canto mal las rancheras, modestia aparte (todas las demás sí, pero las rancheras más o menos me funcionan), pero entre una cosa y otra, no le he llevado la serenata que se merece mi Edi. Así nomás, ella, tan linda siempre, me dijo gracias, cuando terminó la cancioncita, siendo que estaba en el cuarto de Jimena ella.

Fue curioso ver desfilar por azar dos rolas que han sido soundtrack de mi vida desde mucho antes de conocer a Edi y que ahí siguen, por ahí, por cualquier lado pueden aparecer sin previo aviso. Tráiganme el azar, siempre buscaré acomodarlo.

Armando Samano lo opinó a las 2:25 p.m.