viernes, septiembre 23, 2005

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El sentimiento del miedo es anterior a la conciencia. Mi mamá me recomendó hablar con Jimena, ayudarala a que venza sus miedos más temprano, más pronto, "antes en la vida" de lo que yo lo hice. Espejismos, fractales, caleidoscopios.

Estamos embarazados. Lo supimos hace dos semanas y ahora ya podemos publicarlo. Teníamos miedo, no lo planeamos. Tenemos miedo. Bebé (sin género, so far) nacerá por el 15 de mayo, ya reportaré detalles.

Y siempre, en esos ciclos, en esos eternos retornos, el amor nos aplasta, primero a los dos, a Edith y a mí y ahora a los tres, inclyendo a Jimena, a quien la noticia la emocionó mucho más de lo que nos imaginamos. A veces, pocas, siento que no podré conocerla bien, así de grande, de enorme me parece mi hija.

Hace dos años que empecé este rincón, esto que llamé "la internet interpretada por mí". Narrar mi vida bloguera me apasiona y me apena. Las páginas, las palabras, la pequeña historia está toda ahí. Los afectos, amigos, cariños y gustos (poquísimos disgustos) también están todos aquí, a lo largo de más de 450 posts. La frase esa de "tanta tinta vertida" me parece tan lejana pero definitivamente me es cara, me gusta lo que simboliza, quisiera pensar en una que lo diga mejor. Los bytes, los caracteres, las teclas, las barras de desplazamiento, las súbitas "ideas para post" tan virtuales, efímeras, "weightless" como los propios posts.

"El leve Pedro" era un cuentito sobre un señor, un campesino sin peso en uno de los libros de lecturas de la primaria. Me gusta acordarme de esas cosas con Edith; me la imagino niña, con carita triste y pecosa, bonita siempre. Yo llevaba un libro de lecturas por año. Jimena lleva siete este año y ya leyó uno. Está preocupada porque en la nueva escuela no puede platicar durante el día, sólo durante el recreo y eso la hace sentir que "no es ella misma". No me gusta tanto orden para ella. Pero menos orden solo en Montessori, de donde la sacamos por falta de referencias.

No hay lugar perfecto, no hay viejos sabios, no hay formas continuas a las que no les falle el suaje. No soy nihilista para nada. Pero por supuesto, no puedo negar la existencia de la nada.

Gracias tantas, muchas, a tantos, que por días o meses o años han pasado por aquí a leer. No tienen idea, de verdad, de la emoción que me da sentirme leído.